Yo recuerdo tiempos en los que, ella y yo, comíamos en una misma casa, haciendo tonterías con los espaguetis que era lo que más nos gustaban. Momentos en los que poníamos la música a tope y cantábamos como si no hubiera mañana. Momentos en los que hablábamos de lo que fuera, pero hablábamos. Momentos en los que jugábamos a los juegos de mesa, tiradas en el suelo. Momentos en los que cogíamos el ordenador y nos poníamos a sacarnos fotos poniendo morritos u ojos bizcos. Momentos en los que nos atragantábamos porque el simple silencio nos hacía reír. Momentos en los que nos contábamos secretos inconfesables.
Momentos de risas, momentos de tristeza, momentos de lágrimas, momentos y más momentos que no cambiaría por nada del mundo.