Él no es más que una chico de las afueras de la ciudad, con unos ojos azules que dejarían indiferente a cualquiera, con un carácter propio. Con un amor único para dar, pero que al fin y al cabo no muchos saben apreciar..
Pero donde hay un él, hay un ella. Qué decir de ella; una chica común, una más, de esas que ves por la calle un día sí,
otro también pero algo lejos de él. De esas que tienen unos ojos enormes que cualquier chica
mataría por tener, aunque nunca nadie repare en ello. Sí, de esas chicas
que, a pesar de machacarse con reggaetón a volúmenes considerables a
diario, victima de sus amigos, siguen conservando su cerebro. Es de esas que pueden pasarse
tardes enteras jugando a decir idioteces, y que de echo, lo hace.
El caso es que él y ella eran diferentes, muy diferentes. Él tan frío y ella tan cálida que asustaba. Como dos polos opuestos se atrayeron en su momento, como dos polos opuestos se separaron en su momento. Se llama química. Química que nunca ha desaparecido.
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